Imagen compartida en medio The Times of Israel.
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Una empresa en el centro de una tormenta política
Las elecciones ya no solo se disputan en mítines, debates y urnas. También se libran en redes sociales, donde cientos de cuentas pueden ser coordinadas para instalar mensajes, atacar candidatos o alterar la conversación pública.
Ese es precisamente el tipo de operación que Viginum, el organismo francés encargado de detectar injerencias digitales extranjeras, atribuye presuntamente a BlackCore. La investigación identificó actividades vinculadas con distintos procesos electorales y campañas políticas en varios países.
¿Qué hizo BlackCore?
En el caso de Escocia, Viginum documentó que al menos 256 cuentas inauténticas fueron movilizadas entre el 6 de enero y el 8 de mayo de 2026 para publicar alrededor de 1,400 comentarios dirigidos principalmente contra el primer ministro escocés, John Swinney, el Partido Nacional Escocés (SNP) y el gobierno de Edimburgo.
La cuenta de Swinney recibió 652 de esas publicaciones; la del SNP, 338, y la del gobierno escocés, 112. Las autoridades francesas señalaron que la operación ocurrió antes y durante las elecciones al Parlamento escocés.
La investigación también relacionó el mismo método con campañas en Francia, Nueva York, Angola y Togo. En Francia, las operaciones habrían buscado desacreditar a candidatos de izquierda y propalestinos, mientras que en Nueva York se detectaron indicios relacionados con las elecciones municipales de 2025.
El blanco: políticos críticos de Israel
Uno de los elementos que más llamó la atención de la investigación es el perfil de algunas de las figuras atacadas. Swinney y el SNP habían expresado fuertes críticas contra las acciones del gobierno israelí en Gaza.
Viginum identificó específicamente a Swinney, su partido y el gobierno escocés como objetivos de la campaña digital. El propio primer ministro calificó posteriormente los hallazgos como profundamente preocupantes.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre señalar a una empresa y atribuir la operación a un Estado: Viginum no ha podido determinar quién contrató o financió a BlackCore. La agencia francesa dijo que no había identificado al patrocinador detrás de las operaciones.
BlackCore desapareció de internet
Tras las primeras revelaciones periodísticas, la presencia digital de BlackCore fue eliminada. Reuters informó que la compañía borró su sitio web después de ser contactada por sus periodistas y que no respondió a sus solicitudes de comentarios.
La desaparición de la empresa de internet añadió otro elemento de misterio a una investigación que ya enfrenta dificultades para determinar quién habría pagado por las operaciones.
Londres decide guardar silencio
El caso tomó un nuevo giro en Reino Unido después de que solicitudes de acceso a información buscaran conocer qué sabían las autoridades británicas sobre las presuntas operaciones de BlackCore.
El Cabinet Office rechazó entregar la información relacionada con Viginum y BlackCore, argumentando que divulgarla podría afectar la seguridad nacional y las relaciones del Reino Unido con otros Estados.
El gobierno británico sostuvo que el interés público en mantener protegida esa información superaba el interés en hacerla pública, por lo que decidió mantenerla bajo reserva.
Escocia sí reveló parte de los documentos
Mientras Londres mantuvo bajo secreto parte de la información, el gobierno escocés publicó algunos documentos internos, aunque también retuvo otros por motivos de seguridad nacional.
Los correos muestran que funcionarios de la administración de Swinney buscaban saber qué conocían el gobierno británico y los organismos de seguridad sobre la operación, así como qué medidas podían adoptarse después de que el informe francés se hiciera público.
Uno de los aspectos más llamativos es que el propio equipo del primer ministro escocés aparentemente no sabía que estaba siendo objeto de una operación digital coordinada hasta que las conclusiones de Viginum comenzaron a difundirse públicamente.
¿Una nueva forma de interferir en las democracias?
El caso BlackCore plantea una pregunta que va mucho más allá de Escocia: ¿qué ocurre cuando las campañas de influencia política dejan de estar exclusivamente en manos de gobiernos y pueden ser contratadas a empresas privadas?
Las redes de cuentas falsas permiten fabricar artificialmente tendencias, inundar las publicaciones de un candidato con ataques y hacer que una narrativa parezca mucho más popular de lo que realmente es.
Y el problema central permanece: aunque las autoridades francesas pudieron rastrear técnicamente operaciones hasta BlackCore, todavía no está claro quién dio la orden, quién pagó y cuál era exactamente el objetivo político final.
El escándalo abre así un nuevo frente en la discusión sobre seguridad electoral: si una empresa privada puede operar desde un país, atacar políticos en otro y afectar conversaciones electorales en varios continentes, ¿quién controla realmente la guerra por la opinión pública en internet?
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