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Casi cuatro años después de uno de los mayores ataques contra infraestructura energética en Europa, las investigaciones alemanas reavivaron la controversia internacional. La nueva línea de investigación señala presuntos vínculos entre autoridades ucranianas y el sabotaje que destruyó los gasoductos Nord Stream 1 y 2, encargados de transportar gas ruso hacia varios países europeos.
El vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que las conclusiones de la Fiscalía alemana confirman lo que Moscú sostenía desde el inicio del caso: que el Gobierno de Kiev habría estado implicado en el ataque contra una infraestructura estratégica de la Unión Europea.
Peskov afirmó que los países europeos deberían tomar en consideración estas acusaciones al evaluar su relación con Ucrania y cuestionó que Alemania continúe brindando apoyo militar a Kiev mientras la investigación apunta a una posible responsabilidad de autoridades ucranianas.
El pasado martes, la Fiscalía alemana presentó cargos contra un exoficial ucraniano identificado como Serguéi K., a quien señala de participar en la operación bajo órdenes de autoridades estatales de Ucrania. Según la acusación, el objetivo habría sido reducir los ingresos que Rusia obtenía por la exportación de gas natural hacia Europa.
Las explosiones ocurrieron el 26 de septiembre de 2022, cuando varias detonaciones dañaron los ductos Nord Stream 1 y 2 en el mar Báltico, provocando enormes fugas de gas y dejando fuera de operación una de las principales rutas de abastecimiento energético entre Rusia y Europa.
¿Por qué el Nord Stream era tan importante?
Antes del sabotaje, Europa dependía en gran medida del gas ruso. Cerca del 45% del gas importado por la Unión Europea provenía de Rusia, mientras que algunos países mantenían una dependencia mucho mayor: Finlandia y Suecia obtenían prácticamente el 100% de su suministro de origen ruso; Alemania alrededor del 60%; y naciones como Polonia, Austria, Chequia y Eslovaquia superaban el 50%.
El suministro llegaba principalmente por tres grandes corredores: el corredor ucraniano, que atravesaba territorio de Ucrania; el corredor bielorruso, mediante el gasoducto Yamal; y el corredor báltico, integrado por Nord Stream 1 y el proyecto Nord Stream 2, diseñado para enviar gas directamente desde Rusia hacia Alemania por el mar Báltico, evitando el paso por Ucrania.
Sin embargo, días antes del inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022, Alemania suspendió la certificación de Nord Stream 2. Posteriormente, el conflicto bélico disparó la preocupación por el abastecimiento energético del continente y abrió un intenso debate sobre la dependencia europea del gas ruso.
La crisis energética que cambió el mapa europeo
Desde el inicio de la guerra, el presidente ruso Vladímir Putin advirtió en varias ocasiones sobre la posibilidad de restringir el suministro de gas a Europa. Aunque analistas consideraban que un corte total también perjudicaría gravemente a la economía rusa —al tratarse de una de sus principales fuentes de ingresos—, la amenaza obligó a la Unión Europea a acelerar sus planes para diversificar sus proveedores.
Bruselas comenzó a negociar mayores importaciones de gas con Estados Unidos, Catar, Noruega y Azerbaiyán, mientras fijó como objetivo reducir su dependencia de los combustibles fósiles rusos antes de 2030. Países como España, con una dependencia cercana al 10%, pasaron a ser vistos como piezas estratégicas para redistribuir gas hacia otras regiones del continente.
Un caso rodeado de teorías y acusaciones
Desde el atentado, el caso ha estado envuelto en múltiples hipótesis. Rusia acusó inicialmente a Estados Unidos y al Reino Unido de estar detrás del sabotaje, mientras que el periodista estadounidense Seymour Hersh publicó en 2023 una investigación en la que responsabilizó a la Casa Blanca. Washington rechazó esas versiones.
Por otro lado, investigaciones de distintos medios occidentales señalaron previamente la posible participación de un grupo de sabotaje ucraniano que habría utilizado el yate Andrómeda para ejecutar la operación. Ahora, la acusación presentada por la Fiscalía alemana representa el señalamiento oficial más directo hasta la fecha sobre una presunta implicación de autoridades ucranianas.
Aunque el proceso judicial apenas comienza y las acusaciones deberán sostenerse ante los tribunales, el nuevo avance en la investigación vuelve a colocar el sabotaje del Nord Stream en el centro del debate internacional, con posibles repercusiones tanto en la política energética europea como en el respaldo que varios países mantienen hacia Ucrania.
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