Imagen extraída de video.
Un nuevo episodio de violencia religiosa encendió las alertas en Jerusalén luego de que un grupo de ciudadanos judíos atacara la entrada del Monasterio de Santiago, ubicado en el histórico Barrio Armenio de la Ciudad Vieja.
De acuerdo con las autoridades israelíes, cinco menores de edad y un adulto fueron arrestados tras ser identificados como presuntos responsables de golpear y escupir el acceso principal del recinto religioso, además de lanzar piedras contra sus muros.
El ataque fue registrado por una periodista de origen armenio que se encontraba en el lugar. Según su testimonio, al percatarse de que estaba grabando con su teléfono celular, los agresores comenzaron a insultarla y uno de ellos lanzó piedras aparentemente en su dirección.
Tras recibir el reporte, elementos de la Policía israelí desplegaron un operativo para localizar a los responsables. Como resultado, tres de los detenidos recibieron una orden de alejamiento de la Ciudad Vieja durante 15 días, mientras que los otros tres quedaron a disposición de un tribunal para determinar su situación legal.
El incidente ocurre en un contexto de creciente preocupación por la seguridad de las comunidades cristianas en Jerusalén.
Organizaciones como el Centro Rossing, dedicado al diálogo interreligioso, han documentado un aumento sostenido de ataques y actos de hostigamiento contra cristianos entre 2023 y 2025, tendencia que, según sus registros, continúa incrementándose durante este año.
La comunidad armenia denunció que este tipo de agresiones se han vuelto cada vez más frecuentes y aseguró que varios casos anteriores no han derivado en sanciones ejemplares para los responsables.
Por su parte, organizaciones defensoras de derechos humanos han advertido que las agresiones contra minorías religiosas y étnicas reflejan un clima de mayor intolerancia, por lo que pidieron fortalecer las acciones para proteger a estos grupos.
El presidente de Israel, Isaac Herzog, sostuvo recientemente que las autoridades están atendiendo estos incidentes "de manera enérgica" y aseguró que existe una disminución de los momentos de confrontación. Sin embargo, reportes periodísticos señalan que algunos jóvenes pertenecientes a sectores judíos ultraortodoxos consideran este tipo de actos como una obligación religiosa, lo que ha intensificado la preocupación internacional.
Mientras continúan las investigaciones, líderes religiosos y representantes de distintas comunidades hicieron un llamado a reforzar la convivencia y garantizar la protección de todos los lugares de culto en Jerusalén, una ciudad considerada sagrada para las principales religiones monoteístas.
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