Imagen de Diario cambio 22.
En un movimiento que eleva la tensión entre las dos mayores economías del mundo, China ordenó a sus empresas ignorar las sanciones impuestas por Estados Unidos, particularmente aquellas vinculadas al comercio de petróleo iraní promovidas por la administración de Donald Trump.
La medida, considerada un desafío sin precedentes, busca frenar lo que Pekín califica como “abuso” y “jurisdicción extraterritorial” por parte de Washington. A través de instrumentos legales implementados desde 2021, el gobierno chino pretende proteger a sus empresas de sanciones extranjeras que considera ilegítimas.
Un golpe al sistema de sanciones
La decisión pone a prueba la efectividad del sistema de sanciones estadounidense en un contexto global ya tensionado por restricciones hacia países como Irán, Rusia y Venezuela. Además, abre la puerta a posibles represalias económicas y financieras entre ambas potencias.
Entre las compañías afectadas se encuentra Hengli Petrochemical, cuya refinería en Dalian fue sancionada por su participación en el procesamiento de crudo iraní. A pesar de ello, empresas privadas del sector energético en China han mostrado disposición a continuar operaciones, aprovechando el acceso a petróleo con descuento.
Bancos en el centro del conflicto
Uno de los puntos más delicados recae en el sistema financiero. Instituciones que operan con empresas sancionadas enfrentan ahora el dilema de cumplir con las reglas estadounidenses o acatar la orden del gobierno chino.
Como alternativa, se prevé un mayor uso de transacciones en yuanes, lo que permitiría reducir la exposición al sistema financiero dominado por Estados Unidos. Sin embargo, analistas advierten que si Washington decide ampliar las sanciones hacia bancos chinos, el conflicto podría escalar aún más.
Estrategia de presión global
La decisión también se enmarca en una estrategia más amplia de China para fortalecer su autonomía económica y tecnológica. En semanas recientes, el gobierno de Xi Jinping ha endurecido su postura frente a inversiones extranjeras y ha desplegado medidas para limitar la influencia de empresas estadounidenses.
Aunque por ahora no se prevé que esta disputa descarrile encuentros diplomáticos entre ambas naciones, especialistas advierten que el desenlace dependerá de la reacción de Washington.
El mensaje de Pekín es claro: no está dispuesto a ceder terreno en la disputa económica global, incluso si eso implica tensar aún más la relación con Estados Unidos.
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