Créditos: David Dee Delgado/Reuters.
Las protestas en torno al centro de detención Delaney Hall, operado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), continúan generando tensión en Nueva Jersey. Durante el sábado, cientos de personas se congregaron en las inmediaciones del recinto mientras grupos con posiciones opuestas intercambiaban consignas en medio de un fuerte operativo de seguridad.
Ante el crecimiento de la multitud, las autoridades desplegaron unidades especiales, agentes estatales, policías locales y equipos antidisturbios para evitar nuevos incidentes. La Policía Estatal de Nueva Jersey instaló zonas de protesta delimitadas y barreras metálicas para mantener separados a los distintos grupos.
Los enfrentamientos se produjeron apenas horas después de los disturbios registrados la noche del viernes, cuando algunos manifestantes lanzaron fuegos artificiales y recipientes con gas contra agentes que escoltaban vehículos que abandonaban las instalaciones. Como resultado, al menos seis personas fueron detenidas.
La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, afirmó que entre los participantes se encontraban integrantes de “grupos extremistas nacionales”, aunque no precisó cuáles. También hizo un llamado a mantener las manifestaciones de forma pacífica y dentro de las zonas autorizadas.
Las protestas tienen como origen las denuncias sobre presuntas condiciones inhumanas dentro de Delaney Hall, una instalación privada con capacidad para albergar a mil detenidos migratorios. Organizaciones civiles y abogados han denunciado durante meses problemas relacionados con alimentación, atención médica y condiciones sanitarias.
La situación cobró mayor relevancia luego de que cientos de detenidos iniciaran una huelga de hambre durante el fin de semana del Día de los Caídos. Según abogados que representan a algunos internos, los reclamos incluyen comida en mal estado, condiciones de hacinamiento y falta de atención médica adecuada.
Las acusaciones han sido rechazadas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que sostiene que los migrantes reciben alimentación, atención médica y garantías legales suficientes. Funcionarios federales han acusado a políticos y activistas de difundir información falsa que, aseguran, contribuye a aumentar la tensión fuera del centro.
Sin embargo, representantes políticos como el congresista demócrata Rob Menendez afirman haber constatado personalmente las condiciones denunciadas. El legislador aseguró que existe una atención médica insuficiente y pidió mantener la presión sobre las autoridades federales para mejorar la situación de los detenidos.
Mientras tanto, la Policía Estatal mantiene el control de la seguridad en el exterior del complejo para evitar una nueva escalada. Las autoridades federales incluso han considerado trasladar agentes de otras áreas, incluido el aeropuerto de Newark, para reforzar la vigilancia si las manifestaciones continúan intensificándose.
El caso de Delaney Hall se ha convertido en uno de los focos más visibles del debate migratorio en Estados Unidos, enfrentando las demandas de organizaciones defensoras de derechos humanos con la postura de las autoridades federales encargadas de la aplicación de las leyes migratorias.
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