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La alianza atlántica inició una de sus cumbres más relevantes de los últimos años con una exhibición de proyectos militares y acuerdos de defensa, en un intento por reforzar sus capacidades y responder a las constantes presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que los aliados incrementen su inversión en seguridad.
Antes del arribo de Trump a Ankara, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, encabezó un foro donde presentó una serie de iniciativas de cooperación militar, asegurando que se trata de inversiones estratégicas para fortalecer la capacidad de disuasión y defensa de los países miembros.
Uno de los anuncios principales fue la adquisición de hasta diez aeronaves de vigilancia GlobalEye, fabricadas por la empresa sueca Saab, que sustituirán parte de la antigua flota de aviones AWACS utilizada por un consorcio de diez naciones aliadas.
Además, representantes de 15 países formalizaron un proyecto multinacional para adquirir aviones de reabastecimiento en vuelo y transporte fabricados por Airbus, mientras que cuatro países impulsarán la compra de nuevos drones de vigilancia Triton para ampliar la capacidad operativa de la alianza.
Aunque durante el evento no se revelaron cifras oficiales sobre el valor total de los contratos, Rutte aseguró que la organización anunciará inversiones por decenas de miles de millones de dólares destinadas a modernizar el equipamiento militar y fortalecer la industria de defensa.
La llegada de Trump volvió a colocar sobre la mesa el debate sobre el gasto militar europeo. El mandatario estadounidense ha insistido en que los aliados deben asumir una mayor responsabilidad en la defensa del continente y ha cuestionado en diversas ocasiones el nivel de aportaciones de varios países miembros.
Funcionarios estadounidenses señalaron que buscan incrementar la producción de armamento y fortalecer la cooperación industrial con Europa, promoviendo una estrategia en la que los países aliados amplíen tanto su capacidad de fabricación como sus compras de equipo militar.
Otro de los temas que genera expectativa durante la reunión es la posible reactivación de la venta de aviones F-35 a Turquía. Israel expresó su rechazo a esa posibilidad, al considerar que modificaría el equilibrio militar en Medio Oriente, mientras Ankara mantiene tensas diferencias con el gobierno israelí por la situación en Gaza.
En paralelo, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, reiteró su petición para que su país sea incorporado a la alianza militar, argumentando que la experiencia adquirida por las fuerzas ucranianas durante el conflicto con Rusia fortalecería significativamente la capacidad defensiva del bloque.
La cumbre también refleja la creciente preocupación entre varios gobiernos europeos ante un posible incremento de las amenazas híbridas provenientes de Rusia, mientras la guerra en Ucrania continúa redefiniendo las prioridades de seguridad en el continente.
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