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Sudán enfrenta una de las crisis humanitarias más graves del mundo desde que el conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) estalló el 15 de abril de 2023. Lo que comenzó como una disputa por el poder terminó fragmentando al país y dejando a millones de civiles atrapados entre los combates.
La guerra tiene sus raíces en décadas de inestabilidad política, conflictos regionales y gobiernos militares. Tras la caída del dictador Omar al-Bashir en 2019, el ejército y las RSF compartieron el poder durante una transición que pretendía conducir a Sudán hacia un gobierno civil.
Sin embargo, las diferencias entre el general Abdel Fattah al-Burhan, jefe de las SAF, y Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti y líder de las RSF, fueron creciendo. Uno de los principales desacuerdos fue la integración de las fuerzas paramilitares dentro del ejército regular y el control que cada dirigente tendría sobre las estructuras de seguridad.
La tensión terminó convirtiéndose en una guerra abierta. Los combates se extendieron desde Jartum hacia otras regiones, mientras las RSF consolidaron posiciones en Darfur y el ejército logró recuperar importantes zonas de la capital y sus alrededores.
Darfur, escenario de atrocidades
Uno de los puntos más graves de la guerra se encuentra en Darfur, región marcada desde hace décadas por conflictos étnicos y violencia masiva. Las RSF tienen sus raíces en las milicias Janjaweed, vinculadas a algunas de las atrocidades cometidas durante la guerra de Darfur.
Organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales han documentado asesinatos, desplazamientos forzados, violencia sexual y ataques contra comunidades no árabes. La ofensiva de las RSF en Darfur ha generado incluso nuevas advertencias sobre posibles actos de genocidio.
En octubre de 2025, las RSF tomaron El Fasher, última gran ciudad de Darfur que permanecía bajo control gubernamental. Tras la caída de la ciudad surgieron reportes de asesinatos masivos y otros abusos contra civiles.
El Obeid, el nuevo foco de alarma
Ahora la atención internacional se concentra en El Obeid, una ciudad estratégica de Kordofán del Norte que se encuentra bajo control de las fuerzas gubernamentales y que enfrenta una creciente presión militar de las RSF.
En junio, Naciones Unidas advirtió que una ofensiva sobre la ciudad podría poner en riesgo a más de 500 mil personas. Los combates y ataques con drones han aumentado en la zona, mientras las restricciones al acceso humanitario dificultan la llegada de alimentos y asistencia.
La situación continúa deteriorándose. Naciones Unidas ha advertido sobre el peligro de nuevas atrocidades y la necesidad de proteger a la población civil ante el avance de las fuerzas paramilitares. En las últimas semanas también se han multiplicado los llamados para evitar que El Obeid se convierta en otro escenario de matanzas masivas.
La guerra también ha adquirido una dimensión tecnológica cada vez mayor, particularmente por el uso de drones. Estos ataques han causado víctimas civiles y se han convertido en una herramienta fundamental de ambos bandos.
Una crisis que rebasa las fronteras
El conflicto ha provocado uno de los mayores desplazamientos de población del mundo. Millones de sudaneses han abandonado sus hogares, tanto dentro del país como hacia naciones vecinas, mientras la destrucción de hospitales, infraestructura y servicios básicos agrava las condiciones de vida.
La crisis alimentaria también alcanza niveles extremos. Un análisis de 2026 estimó que alrededor de 19.5 millones de personas enfrentaban inseguridad alimentaria aguda, mientras el país continuaba siendo considerado el epicentro de una de las mayores crisis de hambre del planeta.
La falta de alimentos se combina con enfermedades, desplazamiento y un sistema sanitario severamente deteriorado. UNICEF ha advertido además sobre el impacto de la guerra en millones de niños, incluyendo el cierre de miles de escuelas y un aumento de los riesgos de violencia, reclutamiento y explotación.
El llamado a abrir corredores humanitarios
Ante la gravedad de la situación, el papa León XIV pidió recientemente a las autoridades sudanesas garantizar corredores humanitarios para permitir que la población civil pueda recibir ayuda y abandonar las zonas de mayor peligro.
El pontífice también llamó a la comunidad internacional a respaldar los esfuerzos para alcanzar un alto el fuego inmediato. Sus declaraciones se produjeron mientras aumentaban las preocupaciones por la situación en El Obeid y otras regiones afectadas por los combates.
Mientras las partes continúan apostando por la vía militar, los esfuerzos diplomáticos para detener la guerra siguen sin conseguir un acuerdo duradero. La ONU y distintos gobiernos han insistido en la necesidad de proteger a los civiles y garantizar el acceso de la ayuda humanitaria.
Sudán llega así a otro punto crítico de su guerra: un país fragmentado entre fuerzas rivales, con millones de personas desplazadas y comunidades enteras amenazadas por el hambre y la violencia. El temor ahora es que la batalla por El Obeid abra una nueva etapa de atrocidades difíciles de contener.
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