Imagen compartida por las Naciones Unidas.
La Asamblea General de la ONU arrancó el 22 de septiembre en Nueva York con un escenario internacional marcado por conflictos armados, tensiones entre potencias y nuevos desafíos tecnológicos. El debate general de esta edición se desarrolla bajo el lema “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”.
Uno de los momentos centrales fue el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien volvió a colocar la guerra con Irán en el centro de su intervención. El mandatario afirmó que Washington enfrenta la posibilidad de alcanzar un acuerdo o avanzar hacia la “aniquilación” de la República Islámica si Teherán no acepta sus condiciones.
Sin embargo, el mensaje de Trump también estuvo acompañado por señales diplomáticas. Posteriormente confirmó que representantes estadounidenses, encabezados por Steve Witkoff y Jared Kushner, mantuvieron conversaciones con funcionarios iraníes al margen de la Asamblea General, en un intento por explorar una salida al conflicto.
El estrecho de Ormuz también ocupó un lugar importante en las negociaciones. Irán ha planteado condiciones relacionadas con el levantamiento del bloqueo estadounidense y la reapertura de esta vía marítima, considerada estratégica para el transporte mundial de energía.
Frente a la postura estadounidense, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva centró su intervención en la soberanía, la diplomacia y el papel de las Naciones Unidas. Advirtió sobre la injerencia extranjera en procesos electorales y sostuvo que Brasil no debe convertirse en el “patio trasero” de ninguna potencia.
Lula también cuestionó el funcionamiento del Consejo de Seguridad y consideró que la organización atraviesa uno de sus momentos más críticos. Para el mandatario brasileño, los conflictos internacionales requieren mayor cooperación y soluciones diplomáticas, en lugar de intervenciones externas.
El secretario general de la ONU, António Guterres, presentó un diagnóstico igualmente crítico durante su último discurso ante la Asamblea General antes de concluir su mandato. Señaló que las divisiones internacionales se han profundizado y pidió defender el derecho internacional frente a las guerras y la fragmentación geopolítica.
Guterres también colocó la inteligencia artificial entre los grandes desafíos del futuro. Reclamó reglas internacionales para esta tecnología y advirtió que las decisiones de vida o muerte no deberían quedar en manos de máquinas. También pidió reformar el Consejo de Seguridad para hacerlo más representativo.
Por su parte, el presidente francés Emmanuel Macron utilizó su última participación en la Asamblea General para defender el multilateralismo. Advirtió sobre el regreso de una política internacional basada en la fuerza y planteó la necesidad de fortalecer las instituciones internacionales.
Macron también alertó sobre el riesgo de que la guerra en Ucrania derive en una confrontación más amplia en Europa. Entre sus propuestas mencionó una moratoria sobre ataques contra infraestructura y energía, además de medidas para facilitar las exportaciones de cereales a través del mar Negro.
La inteligencia artificial fue otro de los grandes temas de la jornada. Macron defendió una mayor regulación internacional y planteó que el desarrollo de esta tecnología no quede concentrado en unos cuantos actores privados. Francia también impulsa iniciativas para proteger a niños y adolescentes frente a los riesgos asociados con la IA.
Desde Reino Unido, el primer ministro Andy Burnham presentó una agenda que combinó seguridad, Ucrania, inteligencia artificial y desinformación. Su gobierno anunció una asociación de defensa en IA con Estados Unidos para proteger infraestructura crítica y planteó colocar esta tecnología entre las prioridades de la presidencia británica del G20.
La guerra en Ucrania también permaneció entre los asuntos centrales de la jornada. Los líderes occidentales reiteraron su respaldo a Kiev, mientras Estados Unidos mantiene contactos diplomáticos destinados a explorar una posible salida al conflicto.
Así, la primera jornada de la Asamblea General dejó un escenario marcado por posiciones divergentes: mientras Washington defendió una política de presión y fuerza frente a algunos de sus adversarios, otros gobiernos reclamaron mayor diplomacia, soberanía y cooperación multilateral.
La 81.ª Asamblea General continuará hasta el 28 de septiembre, con nuevos discursos y reuniones dedicados a conflictos internacionales, cambio climático, inteligencia artificial, desarrollo y la reforma de las instituciones globales.
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