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La disputa por el control del Estrecho de Ormuz escaló a un nuevo nivel con un intercambio de declaraciones entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, en medio del conflicto regional relacionado con Irán.
El origen de la controversia se remonta al rompimiento del alto al fuego provisional y al incremento del despliegue militar estadounidense en la zona, cuyo costo ha sido estimado en alrededor de 2 mil millones de dólares diarios para garantizar la libre navegación por una de las rutas comerciales más importantes del planeta.
Inicialmente, Trump propuso aplicar un peaje arancelario del 20% a los cargamentos marítimos que cruzaran el estrecho para financiar la operación militar. Sin embargo, días después retiró la propuesta y anunció que buscaría compensar esos costos mediante acuerdos de inversión con los países del Golfo Pérsico.
La respuesta de Pekín fue inmediata. El Ministerio de Relaciones Exteriores rechazó cualquier posibilidad de financiar o respaldar las operaciones estadounidenses y atribuyó la crisis del suministro energético a las acciones militares emprendidas por Estados Unidos e Israel contra Irán.
Las autoridades chinas calificaron la situación como una crisis "artificial e innecesaria" y reiteraron que su postura favorece una salida diplomática al conflicto, además de mantener sus acuerdos comerciales con Teherán.
El Estrecho de Ormuz concentra aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo, por lo que cualquier alteración en esa ruta tiene efectos inmediatos sobre los mercados energéticos y la economía global.
Tras el anuncio del bloqueo y del posible cobro de un peaje, el precio del crudo Brent llegó a dispararse cerca de un 10%, superando los 86 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) también registró incrementos importantes.
Aunque la cancelación del peaje moderó parcialmente la reacción de los mercados, los precios permanecieron elevados debido a que continuó el riesgo geopolítico derivado del bloqueo marítimo y de los ataques contra embarcaciones comerciales en la región.
La industria naviera también resintió el impacto. Diversas empresas redujeron sus operaciones en la zona por el incremento en los costos de los seguros de guerra y por el riesgo de nuevos ataques, obligando a desviar rutas comerciales y retrasando el transporte internacional de petróleo y gas natural licuado.
Analistas internacionales consideran que las consecuencias económicas de esta nueva escalada continuarán reflejándose durante la segunda mitad de 2026, mientras persista la incertidumbre sobre la seguridad del principal corredor energético del mundo.
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