Foto: Archivo.
Los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 registrados en Venezuela no solo dejaron cientos de víctimas, edificios colapsados y una emergencia nacional, sino que también reactivaron una de las teorías conspirativas más conocidas de las últimas décadas: la supuesta relación entre el proyecto HAARP y los grandes desastres naturales.
En redes sociales comenzaron a circular publicaciones que afirmaban que los movimientos telúricos habrían sido provocados mediante tecnología desarrollada por Estados Unidos. La narrativa rápidamente ganó fuerza en plataformas digitales, donde miles de usuarios compartieron imágenes, videos y afirmaciones que señalaban a HAARP como responsable de la tragedia.
La teoría no es nueva. Desde hace años, el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP), originalmente impulsado por el gobierno estadounidense y actualmente administrado por la Universidad de Alaska Fairbanks, ha sido objeto de diversas hipótesis que lo relacionan con el supuesto control del clima, huracanes, terremotos e incluso fenómenos atmosféricos.
El proyecto fue creado para estudiar la ionosfera, una capa superior de la atmósfera terrestre, con fines científicos relacionados con las telecomunicaciones y la investigación atmosférica. Sin embargo, su origen militar ha alimentado durante décadas numerosas especulaciones.
La teoría volvió a cobrar notoriedad luego del desastre en Venezuela y también ha sido abordada por algunos comunicadores y creadores de contenido, entre ellos Diego Ruzzarin, quien ha planteado en distintas publicaciones la posibilidad de que HAARP tenga un uso geopolítico más amplio que el oficialmente reconocido, presentándolo como una teoría de conspiración que merece ser debatida.
No obstante, la postura de la comunidad científica continúa siendo distinta. Investigadores de instituciones como la Universidad de Cornell, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la propia Universidad de Alaska Fairbanks sostienen que las ondas de radio emitidas por HAARP no poseen la capacidad física para generar terremotos ni alterar el clima terrestre.
Especialistas explican que los sismos son consecuencia del movimiento de las placas tectónicas y de la liberación de energía acumulada en las fallas geológicas, procesos que ocurren a varios kilómetros bajo la superficie y que no pueden ser desencadenados por las emisiones de radiofrecuencia del proyecto.
La teoría de HAARP también resurgió tras los terremotos ocurridos en Turquía y Siria en 2023, cuando imágenes de luces en el cielo y formaciones nubosas fueron interpretadas por algunos usuarios como supuestas pruebas de una intervención artificial. Posteriormente, expertos atribuyeron esos fenómenos a eventos naturales ya documentados por la ciencia, como las llamadas luces sísmicas y determinadas formaciones meteorológicas.
Mientras el debate continúa en redes sociales, científicos insisten en que hasta ahora no existe evidencia verificable que relacione a HAARP con la generación de terremotos. Aun así, la teoría sigue reapareciendo cada vez que ocurre un gran desastre natural, alimentando una conversación que combina geopolítica, desinformación y el interés por encontrar explicaciones extraordinarias a fenómenos de enorme impacto.
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