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A 58 años de la matanza de Tlatelolco, nuevos documentos desclasificados vuelven a poner bajo la lupa la relación entre la CIA y las estructuras políticas y de seguridad mexicanas durante la Guerra Fría.
El National Security Archive, centro de investigación de la Universidad George Washington, analizó una historia interna de tres volúmenes sobre las actividades de la CIA en México y otros documentos liberados en los últimos años.
Los archivos muestran que la agencia estadounidense mantuvo durante décadas operaciones dirigidas a influir en el movimiento estudiantil mexicano, vigilar a grupos políticos y fortalecer vínculos con funcionarios de seguridad del gobierno.
Uno de los principales focos fue el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, conocido como MURO, una agrupación estudiantil de derecha a la que la CIA destinó recursos desde 1963.
De acuerdo con los documentos analizados, la agencia entregaba alrededor de 6 mil dólares anuales al MURO para actividades destinadas a influir en la política estudiantil. La organización contaba, según reportes de inteligencia, con aproximadamente 200 integrantes utilizados para acciones de hostigamiento.
Los propios documentos muestran que dentro de la CIA existían dudas sobre la conveniencia de continuar financiando al grupo. En 1967, un funcionario recomendó terminar el apoyo al MURO porque sus acciones contribuían a profundizar la polarización entre los estudiantes.
La agencia había documentado además que el MURO se atribuía participación en la destitución de rectores de universidades de Monterrey, Puebla, Guadalajara y Morelia.
La operación no se limitó a los grupos estudiantiles. Los documentos también muestran una relación estrecha entre la CIA y funcionarios de la Dirección Federal de Seguridad, particularmente Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro.
Según la historia interna de la agencia, Nazar Haro fue reclutado como activo de la CIA y recibió capacitación en Estados Unidos en 1965, después de que Gutiérrez Barrios solicitara apoyo para su formación.
Entre 1966 y 1969, un equipo encabezado por Nazar Haro habría producido alrededor de una quinta parte de la inteligencia de la estación de la CIA en México, de acuerdo con los documentos analizados por el National Security Archive.
El papel de la agencia adquiere especial relevancia al llegar a 1968. La estación de la CIA en México reportaba de manera constante sobre el crecimiento de las protestas estudiantiles y mantenía operaciones dirigidas contra organizaciones de izquierda.
Sin embargo, las nuevas revelaciones no permiten afirmar de manera concluyente que la CIA haya organizado directamente la matanza del 2 de octubre. El propio National Security Archive señala que las páginas más importantes sobre las operaciones estudiantiles previas a Tlatelolco permanecen censuradas.
La organización estima que son casi diez páginas completamente ocultas dentro de la historia oficial de la estación de la CIA en México. En ellas podrían encontrarse detalles sobre operaciones contra grupos estudiantiles durante el periodo inmediatamente anterior a la masacre.
Lo que sí está documentado es que la CIA mantenía vínculos estrechos con sectores de la estructura de seguridad mexicana y había financiado durante años a organizaciones estudiantiles de derecha.
Los investigadores Claire Dorfman y Arturo Jiménez-Bacardí plantean dos escenarios a partir de la documentación disponible: en el menos grave, la agencia contribuyó activamente a la polarización política estudiantil; en el más grave, sus relaciones con Gutiérrez Barrios, Nazar Haro y la Dirección Federal de Seguridad pudieron haber tenido un papel más directo en la violencia.
Esa segunda posibilidad permanece sin comprobar de manera definitiva debido a las partes todavía censuradas del expediente. Por ello, el National Security Archive reclama que la CIA publique una versión completa y sin tachaduras de su historia sobre las operaciones realizadas en México.
Los documentos también muestran que la propia CIA no respaldaba completamente la versión de que las protestas estudiantiles fueran producto de una conspiración extranjera. Un reporte elaborado después de Tlatelolco concluyó que la movilización tenía principalmente causas internas y señaló problemas como la rigidez y corrupción del gobierno mexicano.
La matanza ocurrió el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, cuando fuerzas militares y policiales reprimieron una concentración estudiantil. Miles de personas fueron rodeadas y cientos fueron detenidas.
La nueva documentación no cierra la discusión sobre el papel de Washington en aquellos acontecimientos. Por el contrario, revela una estructura de operaciones mucho más amplia y deja abierta una pregunta central: ¿qué información sobre la participación de la CIA en los días previos a Tlatelolco continúa detrás de las páginas censuradas?
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